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Como herramienta terapéutica

La actividad física y mental que genera la práctica de la horticultura contribuye a mejorar nuestra calidad de vida, a través de la práctica de actividades que precisan dedicación y concentración y desarrollan habilidades personales tales como la paciencia o el gusto por el trabajo en equipo.
Actualmente está ampliamente demostrada la eficacia de este tipo de prácticas terapéuticas en determinados grupos de personas con problemas de discapacidades físicas o mentales.
